SORRENTINOS
Amo la pasta!!! Como las amo… quien ya me conoce sabe que es así, nada me da más ternura que unas manos llenas de harina amasando para nosotros, la harina, la masa es como que da una energía especial al ambiente familiar. Hace muuuuchos años, como regalo antes de casarme recibí “La Cocina Divertida” de Blanca (hoy se regalan otras cosas para estas ocaciones!), la persona que me lo regaló sabía mi admiración por ella, al hacer la cocina fácil y precisamente divertida y también sabía que yo entraba a la cocina para preguntar sólo “que había de comer” e imaginó muy bien que lo necesitaba, con él aprendí el arte de amar la cocina, de cocinar no por obligación, sino por amor a los nuestros.
Cuando vi esta receta me llamó la atención que decía de “Mar del Plata” (ciudad en la que vivo y que también me dio la oportunidad de conocer a Blanca paseando por nuestra Avda. Colón muy elegante y siempre con su pelo tan armadito, y estrecharnos en un cariñoso saludo), aquí hay una casa de pastas muy famosa por esta variedad de pasta fresca, y enseguida asocié que no podían ser otros...tal vez no, pero esa fue mi idea en el momento, y que seguramente resultarían tan buenos como éstos y es así que desde entonces exactamente 20 años que son marca registrada en casa (pobres! no compre nunca más sorrentinos...). Paso a transcribir la receta, entre paréntesis agregué por mi cuenta los sinónimos para otros países:
"Para hacer los sorrentinos olvídese que existen las masas para tallarines o ravioles. Ellos tienen su “pasta propia”. Yo conseguí la receta gracias a que mi querida amiga Diana Castelar se las ingenió para importármela ¡directamente desde Mar del Plata!
INGREDIENTES:
Harina 0000 ¼ kilo (harina sin preparar, harina refinada)
Aceite: 2 cucharadas
Sal, 1 cucharadita
Agua hirviendo, ½ taza
RELLENO:
Jamón cocido picadísimo, 1 taza (jamón York)
Queso mantecoso (o fresco o como quiera llamarlo) picado: 1 taza
Perejil picadísimo, 1 cucharada
Sal, pimienta y nuez moscada, a gusto (¡a no olvidarse de la nuez moscada!)
Huevo: 1
VARIOS:
Salsa de tomate, o tuco o la salsa que usted prefiera
Queso rallado, para espolvorear.
Preparación
MASA
1. Ponga en un recipiente la harina y hágale un hueco central.
2. Coloque allí el aceite y la sal.
3. Vuelque el agua hirviendo sobre estos ingredientes de golpe (como si hiciera una versión libre de la masa bomba…)
4. Mezcle rápidamente (¡ni sueñe con que los ingredientes se van a unir así no más!) y vuelque sobre la mesa.
5. Ahora, sí: aunque se queme los deditos, amase los ingredientes hasta obtener un bollo blando y liso, similar a la masa para churros.
RELLENO
1. Mezcle el jamón cocido con el queso mantecoso picadito y el perejil.
2. Sazone a gusto con sal, pimienta y nuez moscada (no se olvide de este último ingrediente: ¡es esencial!)
ARMADO Y COCCIÓN
1. Tome una porción de la masa, amásela dándole forma cilíndrica y luego estírela formando un rectángulo, sobre la mesa enharinada y con el palote también enharinado, déjela tan finita como el strudel. Es decir, tan transparente (¡eh… tanto, tanto, no!...) “que pueda leerse a través de ella una carta de amor… ¡pero escrita con pincel y tienta china!”
2. Distribuya el relleno sobre la masa, en montoncitos espaciados entre sí, como si fuera a hacer ravioles (¿y qué son los sorrentinos, sino una especie de “ravioles redondos”?)
3. Tape el relleno con otra capa de masa estirada igualmente finita.
4. Y aquí viene el “quid” de esta especialidad: tome un pocillo de café (las tacitas no tienen los bordes filosos) y presione sobre cada montoncito de relleno, para cortar los sorrentinos. La tacita, al no tener filo (si es pudiente, cómprese un cortapastas especial para sorrentinos…), la obliga a presionar fuertemente, así los sorrentinos salen cortados y con los bordes perfectamente sellados. (Pero le confieso: como yo soy maniática y un poco desconfiada, aun cuando corto así los sorrentinos igual les aprieto los bordes, uno por uno, por si acaso…)
5. Una vez armados todos los sorrentinos (mejor tenga pocos invitados a comer, si no le llevará parte de su juventud hacerlos) échelos por tandas en abundante agua hirviendo salada.
6. Espere a que floten, pruebe uno para controlar la cocción (no deben quedar ni duros, ni pegajosos) y vaya distribuyéndolos en fuentes sin encimar. Manténgalos al calor del horno mínimo o del baño María.
7. Una vez hervidos, espolvoréelos con abundante queso rallado y sírvalos con salsa de tomate o la salsa de su preferencia. ¡GLUP!"




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